hormigas aceleradas

No es posible, cada vez es más notoria la influencia de la tecnología en nuestra vida cotidiana, rodeada de pantallas, como una membrana touch screen que nos ‘comunica’ con el mundo. Hemos amueblado nuestro entorno con imágenes y discursos de usuarios de redes sociales y nos hemos olvidado quiénes somos. La vertiginosidad de una ola llamada interacción virtual va tan aprisa que apenas nos damos cuenta de lo enajenados que estamos por hablar y conocer a los demás a costa de nuestro tiempo.

Tiempo? No hay tiempo para nada aunque allí está: apoderándose de todo y de todos para perpetuarse. Desde esta ventana las personas se ven pequeñas como hormigas aceleradas. Un perfecto caos. La chica de oberol verde sirve el milénico café de la mañana con la misma fresca sonrisa que hace siete horas. Los clientes se refugian en las pantallas de sus computadoras y teléfonos. Yo en el periódico y el brebaje oscuro y caliente que me mantiene despierto a las tres de la tarde. Una mujer delgada y guapa no despega los ojos de su laptop mientras mantiene su cigarro entre dos delgados dedos que parecen hechos perfectamente para eso: impedir que la ceniza se caiga sobre el teclado de su inmaculada mac pro. Algunos niños entre los angostos pasillos de este local para zombis. Pienso de pronto que necesito esos cables de supercomputadoras que los cyborgs de Ghost in the Shell se conectan en la nuca para sentir, palpar e integrarse al mundo.

-Espera (digo en estado telepático); esto no es una película de los hermanos Wachowski, esto es Metropolis y nosotros somos los obreros que hacen funcionar al mundo.

Me siento incómodo y perdido en la ciudad, me digo otra vez. Espera (me repito para tranquilizarme) no es la claustrópolis la que me devora sin piedad soy yo mismo que equivoco una y otra vez como hormiga sorda y ciega acelerada sobre el borde del abismo. Las máquinas me han derrotado cuando, de antemano, se suponía que yo, yo, era el que las tenía que dominar. Putamadre. Qué sucedió. Es demasiado tarde pues ahora mi adicción es tal que no puedo estar offline. «La conexión a la red de redes se ha comido tu cerebro»…, quién dijo eso? De dónde viene ese flujo de palabras?
El tiempo, provocado por la expansión y contracción del universo, se va entre el tecleo de los caracteres y la excitación del cursor palpitante en una hermosa pantalla de alta calidad que me llama a pasar al otro lado del espejo, donde no hace frío, donde ‘todos’ están, donde el sol irritante no quema como ahorita, donde la individualidad se disuelve en el ser-colectivo y todo se olvida. Allí no importa el físico porque, como en el cielo judeocristiano, es el Reino de las Ideas.

 

Publicado con WordPress para BlackBerry.

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