una noche de sismo

Una noche fría mi papá nos sacó, a mis dos hermanos y a mi mamá, del cuarto donde vivíamos porque estaba temblando. Recuerdo que en ese momento, en que no notaba nada extraño más que el aturdimiento de estar sonmoliento por la abrupta interrupción del sueño, algo me miraba desde el cielo. Entre sonámbulo y molesto sólo veía el cielo sin nubes, de un tono azul cobalto salpicado de los platinos rayos de la Luna que, sentía, sólo me observaba a mí. Luego pasó el tiempo, no sé cuánto pero años quizá, y la escena volvió a repetirse casi igual. Ya éramos más grandes y en esa ocasión sentí el miedo a la naturaleza que se movía bajo mis pies y que podía tragarme. El cableado público se movía, las casas crujían, se iba la electricidad. Los vecinos salían de sus casas, claro, quienes se deban cuenta, y junto con ellos miraba hacia todos lados con ojos de espanto. La Luna volvió a mirarme sólo a mí y me tranquilizó; al menos eso creía esa noche de un día anterior a mi cumpleaños.Ahora recuerdo esas dos escenas y las hilo en el mismo collar de los recuerdos.

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