Estación central

En la cantina me encuentro con un tipo que se tambalea de borracho; de esos divertidos. Dice que la infelicidad es la tercera recámara del infierno. Viste un pantalón color beige y camisa blanca que hace juego con largo bigote blanco. Su comentario me recuerda al autista que va en el tren que se dirige a una ciudad de los sueños y sólo lo acompaña una cyborg. El tipo va encarcelado en la idea de vida que erróneamente tiene desde niño, una vida que no separa realidad de la fantasía. Allí, en uno de los vagones iluminados de fiucsa y azul turquesa el pasajero se pierde en un recuerdo. Una señora le dijo un día que si quería sacar un secreto de su ser tenía que cavar un hoyo, luego susurrar y después tapar la cavidad. Entonces quedaría liberado.

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