Memorias rescatadas de la basura

Desde hace cuatro meses se encuentra desaparecido el tío Roberto, no se llama así, pero hay quienes no quieren que sepa de esto. Hay quienes aseguran que existe una banda  de agentes federales y capitalinos coludidos con una banda de robo a transportistas que opera en el oriente de la Ciudad de México. “Los policías hasta les prestan sus uniformes y patrullas para que vayan a detener a los traileros en falsos operativos carreteros” para quitarles su mercancía y transportarlas sin sospecha hacia bodegas clandestinas que surten a los tianguistas de varias zonas del DF.

 

La última vez que lo vi fue en una de las calles de un barrio de la ciudad donde me aconsejó que no volteara a ver a la mujer que venía por la esquina con su vestido-minifalda, luciendo cadenas y pulseras de oro (no sé si de chapa), cabello teñido de rubio, sandalias, labios pintados de rojo carmesí, desplazándose por la banqueta como si se tratara de la alfombra roja del Óscar. “No la veas, hazte pendejo. Mira para otro lado”, dijo la voz rasposa del tío. Concentrado en la influencia del Topus Urano en el insoportable calor y la ferocidad de las personas por destruir a quienes los miran, llegó el aroma alquímico de sus perfumes que se abrían paso entre taquerías, talleres mecánicos, la basura estancada en las banquetas, el humo de la mariguana que llegaba de indeterminados epicentros y el sudor. Una película mental dentro de otra película donde ella era la exótica mujer que se paseaba en un barrio sin futuro como un pavo real de zoológico en domingo.

 

“A ella le en-can-ta que los hombres la morbosien sólo para que su macho salga de su casa aachicalar a los que observan a su esposa”. Una araña que tiende la trampa. “Su marido acaba de salir del Reclusorio Oriente donde ha estado muchas veces por  los delitos de homicidio y robo. Es uno de los jefes del penal, ya no tarda en regresar, se ve que no es muy feliz afuera”. Aquí cada rato vemos cómo ella primero enfrenta a sus acosadores con un “qué me ves pendejo” y tras varios insultos, los cachetea y cuidadito con que le respondas algo… ¡uy! porque enseguida va por su macho para que destroce de una vez por todas a los que la miran… y como es uno de los pesados del penal, pues nadie mete las manos porque encima no viene solo: siempre trae a cuatro escoltas armados que lo siguen a todos lados”. Nada nuevo: la historia de las víctimas y los victimarios de siempre con el extra de la dama que se excita al ver cómo los puños de su hombre le rompen los huesos al que minutos antes se atrevió a meterla al castillo de sus fantasías.

 

No hay denuncia ante las autoridades por su desaparición.

 

La última vez que lo vieron iba en su vehículo por la carretera México-Querétaro. Hallaron el automóvil con las puertas abiertas, cocaína en la guantera, sangre del lado del conductor, una mochila con dos armas y una botella de ron sin tapa.

 

Los familiares sospechan quiénes fueron los que se lo llevaron y porqué. Creen que a la mejor ya no está con vida, pero no pierden la esperanza de recuperarlo sano y salvo.

 

Las calles salvajes son como potros indomables que necesitan de valientes Quijotes dispuestos a morir en el intento. Esa es una de las formas de escalar de nivel en la cadena alimenticia del reino de los suelos. En el mundo de los aztecas la única forma de ascender era convertirse en un gran guerrero para que los tlacuilos (los escribas) lo rescataran del basurero de la historia, de lo contrario, sólo quedaba el olvido, la sumisión, la esclavitud, la nada. Para unos, la ruta no es como la de los antiguos guerreros que anhelaban la muerte en el campo de batalla para honrar a sus dioses. Ahora no hay dioses, no hay futuro, sólo un árido desierto de ambiciones. “Nos metimos dos ácidos para bajar todas las motonetas de un tráiler esta noche”, dijo una tarde de domingo uno de los ayudantes del desaparecido tío Roberto. “Nos fue muy bien en el trabajito, todo salió bien. Le dimos su mochada a los policías para que nos escoltaran hasta acá”, añadió sonriendo como si se hubiera tratado de una travesura de niños de primaria durante el recreo.

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